RESPONSABILIDAD SOCIAL DEL ANTIGUO ALUMNO.

PADRE LUIS UGALDE S.I.

XIII CONGRESO LATINOAMERICANO DE A.S.I.A

CARACAS, VENEZUELA
9 AL 11 DE SEPTIEMBRE DE 2004

•  Si en una sociedad sólo hay vida para los fuertes y pudientes, los dioses de ella nada tienen que ver con el Dios de Jesús.

•  La inestabilidad política de América Latina se nutre de la desigualdad cada vez mayor entre pobres y ricos, la ineficiencia, deterioro y corrupción de lo público, la debilidad y falta de inclusión del sector privado y el aislamiento y desinterés de la población por resolver estos problemas.

•  Esta situación produce ciclos cada vez más pronunciados y cortos de esperanza-ilusión Vs. Fracaso-frustración. Fomenta y se nutre de la denuncia y de la utopía. Necesitamos las visiones, la preparación política y los procesos adecuados para construir las soluciones deseadas y necesarias.

•  Justamente en la construcción de este camino de soluciones está el papel del antiguo alumno de la Compañía de Jesús. San Ignacio insiste en el magis, en el horizonte siempre mayor, pero de manera implacable nos exige coherencia al poner los medios adecuados para alcanzar los fines deseados. El amor se ha de poner más en las obras que en las palabras y en los medios acertados se demuestra si tomamos con seriedad los fines proclamados.

•  Nuestras sociedades se salvan juntas o se vuelven ingobernables e inapropiadas para una estable dinámica económica y política por carecer de equidad, de equilibrio social y de instituciones sólidas. Debemos resistir la atractiva tentación de desentendernos y deslastrarnos de las mayorías pobres de la sociedad, para salvarnos solos del barco social que vemos naufragar.

•  Los Ignacianos debemos tener Espiritualidad y antropología solidaria . Cuando el cristianismo se toma en su autenticidad y sin domesticarlo al servicio de nuestros intereses, los cristianos tenemos una espiritualidad - somos responsables también de nuestro hermano y no nos encontramos con Dios sin encontrarnos con el hermano- y una antropología -común a todo humano, creyente o no- según la cual no es posible el “yo”, sin el “nosotros”.

•  Los Ignacianos debemos promover un nuevo sentido y responsabilidad de lo público. Cada habitante de un país, sin importar su condición, es corresponsable de la re-pública, de la cosa pública, o de la polis. En ese sentido todo ciudadano es y debe ser político, y cada organización de la sociedad (gremios, sindicatos, universidades, iglesias, escuelas etc.) debe ocuparse de realizar aportes nuevos, continuados y vigorosos para lograr: (a) Objetivos inclusivos e igualitarios que deriven en el bien común. (b) Una ciudadanía más conciente y participativa que apoye y controle la gestión pública y (c) Una gestión eficaz, eficiente y transparente, con estrecha vigilancia sobre la corrupción y de los políticos y burócratas.

•  Los Ignacianos debemos construir puentes y alianzas entre diversos sectores sociales. Convertirnos en constructores de alianzas sociales para derrotar la pobreza, el rechazo social y la ingobernabilidad. Pero por encima de todo, están llamados a protagonizar alianzas para producir sinergias que elevan radicalmente la actual baja productividad ciudadana, empresarial y estatal. En esas alianzas entra la capacidad profesional y también el aprendizaje social, y la conversión moral y religiosa que se da en el encuentro y la comunicación con el otro y en la nivelación hacia arriba tanto en lo profesional como en calidad de humanidad. El “empoderamiento” formativo, organizativo, productivo y político (producción de ciudadanía y de empresa) de los más pobres y excluidos es central en estas alianzas. El cambio social implica un compromiso afectivo y emotivo que lleva a poner el talento y la racionalidad profesional al servicio de la liberación humana y al desarrollo de todas las personas y de toda la persona

•  Los Ignacianos debemos Complementarnos y exigir reciprocidad entre la sociedad civil, los emprendedores y las organizaciones políticas . Nuestras sociedades están fracturadas y con peligro de que cada sector se encierre en su parcela particular. Pensamos que ninguno de los tres tendrá éxito si fallan los otros.

•  Los Ignacianos necesitamos construir caminos entre la realidad denunciada y el ideal deseado para “en todo amar y servir” . Cuando las sociedades exigen cambios profundos, es claro que florecen la denuncia y la utopía. En las sociedades latinoamericanas tenemos los talentos, mucha preparación y recursos. Tenemos que ordenarlos para conseguir el objetivo de sociedades sin pobres, sin miseria, con la gente en pie de producción de soluciones, con fe en sus propios talentos para construir sociedades con oportunidades de vida para todos que conformen repúblicas de hijos de Dios.