CULTURA, POBREZA y COMPROMISO PERSONAL

Hno. RAUL GONZÁLEZ S.I.

XIII CONGRESO LATINOAMERICANO DE A.S.I.A

CARACAS, VENEZUELA
9 AL 11 DE SEPTIEMBRE DE 2004

 

•  América Latina es un continente mestizo de continuos transvases e influencias culturales mutuas. Nuestras culturas autóctonas, la colonización ibérica, la esclavitud, la aceptación de instituciones y leyes de origen norteamericano, francés, inglés y alemán, así como las emigraciones provenientes de Europa en el siglo XX y las recientes emigraciones de nuestros jóvenes a países con mejores niveles de desarrollo hacen que todos nuestros países posean una considerable diversidad cultural.

•  Nuestro mestizaje sin embargo es asimétrico. Las élites dominantes se relacionan con ciertas culturas -las más occidentalizadas- y las masas populares con otras culturas -las indígenas y negras, y los mestizajes entre ellas-. La migración masiva del campo a nuestras grandes ciudades ha acentuado la asimetría entre personas que viven en el mismo espacio, pero en posiciones sociales y sobre tradiciones culturales muy diferentes. Esto plantea un problema serio para la acción colectiva -la capacidad de construir juntos la vida, parte de la cual consiste en crear eficientemente riqueza y distribuirla con justicia -. No es lo mismo intentar el desarrollo de un país donde pobres y ricos comparten la misma cultura, que hacerlo en un país con quiebres culturales de siglos sobre los que se asienta una dominación también secular.

•  El hecho más significativo de nuestras culturas es la dificultad de hacer funcionar el Estado de Derecho. La Ley es el manual de funcionamiento de una sociedad moderna , las reglas de juego que permiten a cada uno saber lo que le cabe esperar de los demás en las relaciones abstractas, y descargarse de la preocupación por cómo actuarán los otros para concentrar sus afanes en tareas más productivas. La Ley cede con demasiada frecuencia ante la conexión personal o el interés privado de individuos o grupos.

•  Ocurre a nivel macro, cuando un grupo logra hacerse con el poder del Estado e imponer su interés dictatorialmente a los demás,

•  Está difundido micro-socialmente, la infinita serie de pequeños eventos cotidianos en que una regla es violada sin consecuencias para el trasgresor. El irrespeto al estado de derecho involucra a la mayoría de los países y a la mayoría de sus habitantes.

•  En particular, involucra a las élites, que son los que más influencias tienen. En esto, a menudo los pobres son más modernos que los poderosos, siquiera sea porque dependen más de que las cosas funcionen como dice el manual, y aspiran por tanto a ello con más fuerza.

•  S i sostenemos el proyecto de modernizar nuestras sociedades, pero a la vez nuestras acciones cotidianas impiden la construcción de sistemas modernos de relaciones, el resultado no puede ser más que la parálisis social y la frustración. De allí el origen de la inestabilidad política que sufren la mayoría de nuestros países.

•  Producir eficientemente y distribuir con justicia lo producido requiere de unos niveles mínimos de cooperación social y de eficacia institucional que se fundan en la confianza sobre el comportamiento cotidiano del otro. Cuando esos niveles no son alcanzables por razón de dificultades culturales, situadas por tanto dentro de cada persona y en el corazón de la sociedad, el resultado es la ineficiencia de la producción y la injusticia en la distribución. Esto es, la pobreza se hace endémica.

•  El capital social consiste en poder contar con los demás para llevar adelante proyectos juntos. La materia que cohesiona a las instituciones es la confianza. Confianza debe entenderse aquí no como una acción -confiar en el otro- sino como una cualidad -ser uno mismo confiable- sobre la que se construyen relaciones productivas y justas.

•  El capital social, como las otras formas de capital, se reproduce a sí mismo, de manera que experiencias positivas de colaboración llaman a nuevas colaboraciones y las experiencias negativas bloquean iniciativas, destruyen relaciones y esparcen la desconfianza mutua. En este momento, el signo general de la dinámica es negativo en muchas sociedades latinoamericanas: se está destruyendo en vez de creando capital social.

•  Comencemos por c umplir la Ley nosotros, asociarnos con otros para hacerla cumplir y para controlar que la acción del Estado se ajuste a la Ley, exigir a nuestros conciudadanos -pobres incluidos- que la cumplan, ésta es la primera dimensión del compromiso personal cotidiano que debe esperarse de un antiguo alumno de los jesuitas. Ese compromiso puede muy bien realizarse en asociación con las víctimas primeras de la inoperancia institucional, los pobres mismos.

•  Tendamos puentes por encima de las brechas socio-culturales de nuestras sociedades. En concreto, articulemos organizaciones y redes donde profesionales, empresarios y políticos interactúen en pie de igualdad con comunidades populares, en orden a la construcción de una sociedad productiva y justa para todos.

•  Si en esas redes ocurre la experiencia de producir eficientemente algo valioso entre todos y distribuirlo con justicia de acuerdo a reglas acordadas y respetadas por todos , ello constituye la experiencia de construir la Modernidad que estamos necesitando. Quienes viven esa experiencia -no importa cuál sea su extracción social- deben difundirla y exigirla en otros ámbitos relacionales.

•  Los puentes se tienden primero a través del contacto entre personas. La reconstrucción de la experiencia fundamental de poder contar con el otro en nuestras sociedades fragmentadas, pasa por el contacto personal entre los que son diferentes para desarrollar juntos iniciativas valiosas. Si entendemos la necesidad de creación de capital social por encima de las brechas culturales, y no meramente como acción individual, hay un continuo que nos lleva del compromiso personal a la transformación social. La fuerza transformadora de un compromiso personal inteligente y respetuoso del otro, puede ser enorme .